situaciones

Había dos situaciones que la excitaban hasta el estremecimiento cuando su Amo se masturbaba.

La primera solía tener lugar de improviso. Ni siquiera tenía que ocurriren una sesión, sino que con más frecuencia significaba el inicio de una de ellas. Él le mandaba de súbito levantarse del sofá y quedarse de pie frente a él. Entenoces se acomodaba como un emperador romano ante algún espectáculo palaciego, sin dejar de mirarla, se hurgaba en su entrepierna, sacaba su sexo, ya dilatado pero todavía tierno y maleable y empezaba a masturbarse ante ella. Y ella enrojecía, pero también ardía al contemplar aquel miembro endurecerse y alargarse como para tocar el techo. Y sentía unos deseos enormes de hacer también alguna diablura con sus dedos, a pesar que que el Amo, que la conocía bien le mandaba tener las manos a la espalda.

La segunda situación tenía un componente menos visual. Más auditivo. A su Amo le gustaba masturbarse a su espalda, bien cuando estaban en la cama, o bien cuando le hacía arrodillarse. Él le tiraba de su melena hacia atrás, al tiempo que golpea las nalgas de su esclava con la polla agitada por su puño. Golpea, golpea, golpea, cada vez más rápido, produciendo un sonido único ¡pas, plas, plas…! y ella cree morir de ardor.

Leave a Reply