Stewie, Rousseau y el spanking

He descubierto una coincidencia muy curiosa entre Padre de familia y Las confesiones de Rousseu: tanto Stewie como Jen Jaques Rousseau fueron spankees precoces. No sólo eso: el modo en que ambos descubren su gusto por los azotes son episodios paralelos. O sea, creo que los guionistas de Padre de Familia bebieron de Las confesiones.

Quizá muchos recordéis el episodio en el que Stewie descubre el placer de la azotaina. Lois le da una paliza y hasta lo tortura sobre un potro. Después Stewie, recordando la escena se da cuenta de que aquello le produjo más placer que dolor, y emprende una campaña de provocaciones y travesuras para que Lois le vuelva a castigar con otra dulce zurra. Pero Lois, que está arrepentida por haberse excedido con él se ha convertido ahora en una madre serena, imperturbable, capaz de aceptar de forma comprensiva todas las trastadas de Stewie.

Ahora reparemos en el siguiente pasaje del libro I de Las Confesiones, cuando Rousseau era aún un púber y se encuentra pasando una temporada al cuidado de los Lambercier, donde una vez recibió una azotaina de la hija:

Y lo más particular es que aquel castigo aun me aficionó más a lo que me lo había impuesto, de modo que fue necesaria mi natural dulzura y toda la verdad del afecto que le profesaba para que no tratara de conocer la repetición del mismo, mereciéndolo, porque encontré una mezcla de sensualismo en el deber y en la vergüenza del castigo, que me hacía desear recibirlo otra vez de la misma mano. Es verdad que había en ello cierta precocidad instintiva de sexo y, por lo tanto, el mismo tratamiento practicado por su hermano no me habría parecido tan gustoso. Pero, atendido su carácter, no había que pensar en semejante sustitución: y me abstenía de merecer el correctivo por temor de disgustar a la señorita Lambercier; pues tal es el imperio que sobre mí ejerce la benevolencia, aun aquella que debe su origen a mis sentidos, que siempre se sujetaron éstos a su ley en mi corazón.

Así fue el despertar de Rousseau al sexo y a la sensualidad de la carne. La señorita Lambercier, que pareció percatarse del efecto que sus castigos provocaban en el jovencito Jean Jaques, desistió de volver a azotarle. Y no sólo eso: hizo que se cambiara de habitación, y ya no permitió que durmiera junto a ella en las noches frías de invierno.

¿Es una casualidad el paralelismo entre Las confesiones y Padre de familia, entre Rousseau y Stewie? No sé. Pero el paralelismo existe, eso sí es verdad.

Tenéis una edición on line de Las confesiones, aunque en formato texto y sin editar.

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