El BDSM es un juego erótico con el poder
La clave del BDSM es el poder: la cesión del poder. El dolor, la humillación y la conversión de la sumisa en un juguete sexual son los instrumentos mediante los cuales se verifica la cesión de poder de la sumisa al amo. Se parece un poco a esa frase que resume la lógica del circo: “más difícil todavía”. O sea, el amo trata de mantener a la sumisa en el borde de lo que ésta considera aceptable, y tratará de hacerle saltar fuera de él. De hacer que salte libremente: no vale que él la empuje. Por eso la erótica del BDSM no radica en una práctica concreta (te ato, te violo, te meo, te azoto, te prohíbo que te masturbes…) sino en hacer que la sumisa acepte obediente lo que un tiempo atrás no habría aceptado. En rebasar el último límite en instalarse con miedo y desafío ante el siguiente. La excitación para la esclava está en cruzar esa línea que nunca hubiera apostado que la cruzaría. La excitación para el amo en conseguir que la cruce y que la cruce con él.
Eso, por cierto, es lo que lo hace peligroso: la lógica del más difícil todavía se parece mucho a la de la tolerancia de algunas drogas muy adictivas: la dosis que ayer te colocaba hoy, todo lo más, te entretiene. Quizá por ello sea sano desengancharse de vez en cuando, o tomarse unas vacaciones a base de helados de vainilla. No sé.
Este fragmento está extraído y traducido de At Times Restless, el diario de otra sumisa. Es el que me ha hecho recordar la idea que acabo de exponer:
La restricción de mis meadas es dura…
No esperaba que fuera tan difícil como es… pero es difícil. Aunque su dificultad es lo que la hace tan increíble.
Vale, otras veces he debido pedir permiso para ir a orinar y se me ha prohibido hacerlo… pero esto es diferente.
Las 6:30, las 10:30, las 2:30, y las 6:30… ésas son las horas de ir al váter. Si no puedo ir a una de esas horas tengo la opción de hacerme pis encima. La verdad, espero que ésa opción no sea necesaria. También se me permite emplear un pañal para la noche si fuera necesario. No tengo claro qué es más humillante, si orinarme encima o usar un pañal.


