La otra noche, yendo en coche con unos amigos, pasamos por una zona atestada de prostitutas. Entonces uno de mis amigos hizo un comentario de manual: “pobres chicas”, “¿tú te imaginas ganarte así la vida?”, “lo que tiene que ser que se te eche encima un viejo y te folle”, “bla, bla, bla, la dignidad”. Y entonces fue cuando intervine. “¿Dignidad?”
Yo estoy, como casi todas las personas, en contra de que alguien sea obligado a prostituirse. Entiendo también que un buen número de chicas se prostituyen bajo coacción, o para pagar la deuda de un viaje a Europa financiado por mafias. Y colgaría a los proxenetas por los escrotos. Pero incluso si se acabara con las mafias de la prostitución (algo que me parece deseable) seguiría habiendo mujeres que la practicarían libremente. Y a mí, cuando es elegido, me parece de lo más digno, puesto que ya somos mayores como para saber cada uno de nosotros dónde situamos nuestra dignidad.
Más o menos le dije eso a mi amigo, que contraargumentó diciendo que incluso dejando aparte a los chulos y a las mafias, nadie se haría puta por gusto o por una elección libre, sino por las necesidades económicas. A lo cual yo seguí defendiendo mi postura:
“Si a eso vamos, tampoco nadie se hace señora de la limpieza -900 euros por fregar escaleras- libremente, ni mucho menos por gusto. No sólo señoras de la limpieza, sino tampoco oficinistas, ni vendedores ambulantes, ni…”
Y es que para mí el drama no es que entre hacerse señora de la limpieza y prostituta alguien elija lo segundo. El drama sería no poder elegir también lo primero. También me parece una injusticia que los niños no dispongan de una buena educación que el día de mañana les permita optar a trabajos mejores y adquirir conocimientos acordes con sus dotes intelectuales naturales. Pero si una mujer ha dispuesto de oportunidades para estudiar cuando es niña, y después, por lo que sea, elige ser puta (quizá porque las otras opciones son menos rentables) a mí me parecerá dignísimo que lo haga.