Archive for the ‘relatos’ Category

Relatos BDSM en “Me tapo los ojos”

Tuesday, August 7th, 2007

Estoy cansada para escribir, pero no para leer:

Echada en la cama tal como me dejaste antes de marcharte, llevo el collar que me regalaste ciñéndome el cuello, y mucho más que eso, aprisionando mi alma y mi corazón.
La cadena que has sujetado a la cama es lo suficientemente larga como para que pueda levantarme y, en un caso de extrema necesidad, me humille y orine en el suelo como la perra que soy, Tu perra (palabras que resuenan en mi cabeza). […]

El resto de la historia está en Me tapo los ojos

Recuerdos de una esclava

Tuesday, July 31st, 2007

Con frecuencia Él le ordenaba ocupar la parte de los pies de la cama y dormir allí, atravesada. Ella se encogía entonces, para poder encajar su cuerpo en aquella pequeña longitud, y sacaba la cabeza por un rinconcito de la cama. Y era feliz, por dormir junto a los pies de su Amo,

Solía ocurrir que cuando dormía en esta ubicación, en pleno sueño, era despertada bruscamente por la mano de su amo, que la cogía por el pelo y titaba de su cabeza hacia arriba. Desconcertada por lo súbito del despertar, atontada aún por el velo del sueño, notaba cómo su amo llevaba su cabeza hasta la mitad de su cuerpo, y allí violaba su boca. Normalmente la felaciones no consistían en que ella chupase la polla del Amo, sino en que éste se follara la boca de ella. La violaba incluso.

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Cuando finalmente su amo se derramaba dentro de su boca con una caudalosa embestida de leche tibia y espesa, volvía a tirar de su cabeza hacia arriba, antes de que ella llegara a ingerir aquel engrudo seminal. Y entonces la besaba fuertemente en la boca, y ambos compartían el semen del Amo en un largo e intenso beso. Ésa era una de las maneras que él tenía de decirle cuánto la quería y cuánto la admiraba. Y ella lo sabía, lo que convertía aquel momento en una cresta de la ola de su felicidad.

Finalmente, Él le permitía quedarse el resto de la noche a su lado, rodeada por sus brazos. Aquello la hacía inmensamente feliz y orgullosa. Tanto que era incapaz de volver a dormir en un buen rato. Y cuando el Amo caía por fin abatido por el sueño, ella, en silencio, despierta, regaba su cuerpo con lágrimas de felicidad e imperceptibles besos suaves como pétalos.

Sexo en grupo: una para todos (I)

Sunday, April 8th, 2007

Su relación duraba ya varios meses. A lo largo de ese tiempo ella había aprendido a ser su esclava compaciente. Sumisa y audaz. Capaz de plegarse a los caprichos de él, pero también de anticiparse a sus deseos. Y así comenzó a brotar en ella cierto sentimiento de orgullo. Orgullo de esclava: una expresión que suena contradictoria. Y, en efecto, él se daba cuenta de ello, y supo, como Amo experimentado y sutil psicólogo, devolver a su pequeña sirvienta a esa zona donde las sumisas le parecían más atractivas: la inseguridad, la zozobra, el temblor. La oscuridad.

Una tarde la llevó hasta el cuarto de baño de su casa. Era un cuarto de baño enorme, con todo lo que se puede imaginar en él, como para ser exhibido en las revistas de decoración. Lo cierto es que era tan grande que incluso tenía una delgada columna en su centro, resto de una anterior reforma que él mandó hacer en la casa. La columna tenía una argolla, y muchas veces su Amo la ataba a ella, para contemplarla con los brazos levantados mientras disfrutaba del baño. Ella solía excitarse como pocas veces al ver a su Amo en aquella inmensa bañera sin poder ir a compartirla con él, sin poder frotarle la espalda, u ofrecerle la toalla al salir del baño.

Como tantas otras veces, él la ató a la argolla. También le vendó los ojos. Y entonces desapareció, dejándola en la oscuridad. También era ésta una prueba que ya había superado en varias ocasiones. De todos modos, parecía que esta vez el capricho de su amo se prolongaba más de lo habitual. Ya había pasado una hora, y sus brazos empezaban a estar realmente doloridos. Probó a apoyar su peso alternativamente en una pierna primero y en la otra después, pero la sensación de incomodidad y agarrotamiento empezaba a agobiarla.

[continuará]

La primera noche: durmiendo atada

Tuesday, February 6th, 2007

Nunca podrá olvidar la primera noche que durmió con su Amo. Hasta entonces habían tenido varias sesiones, pero ella se había marchado a casa dormir, como una buena colegiala. Tal vez habría podido convencer a sus padres de que la dejasen pasar el sábado en casa de alguna amiga, pero lo cierto es que no estba segura de si él querría que pasara la noche con ella. Lo deseaba más que nada, pero también iba conociendo el amor de Amo por la soledad.

Finalmente fue él quien le propuso pasar la noche del siguiente viernes. Y, no, no fue difícil convencer a sus padres. Después de todo tenía ya 19 años, aunque cuando eres una mantenida la edad importa poco: el Estado te permite votar, conducir o entrar en un bingo, pero en casa sigue imperando la ley de los padres.

Bien, otro día hablaré más de aquella noche: de cómo ella quiso ser la escalva más bella y, sobre todo, la más obediente y sumisa para que él se sientiera orgulloso de su animalillo. De cómo le prestó todas las atenciones mientras cenaban, de cómo retiró los platos y esperó junto a los pies de Él que acabara su licor, De cómo sostuvo el cenicero mientras Él fumaba, de cómo se entregó, en definitiva.

Cuando se sintió muy cansada y a punto de rendirse al sueño, su Amo le ató las manos. “Es para que o te toques”, le dijo con una sonrisa maliciosa. Era incómodo estar acostada con las manos atadas, pero también el sueño era invencible y acabó durmiéndose. Fue entonces, de madrugada, cuando se despertó al notar que el brazo de su Amo le rodeaba el cuello y que su mano apresaba el pelo de su nuca tirando hacia sí. Además notó una de las piernas de él enlazada a las suyas y manteniéndolas separadas. Aquello comenzó a excitarla como pocoas cosas lo habían conseguido antes. Pero la gota que colmó el vaso fue el darse cuanta que, en la oscuridad, tras ella, su Amo se masturbaba. Lo supo cuando su puño comenzó a hacer un ruido muy característico al golpear contra sus nalgas redondas y lisas. Quería tocarse, pero tenía las muñecas atadas y no alcanzaba su sexo. Sentía que iba a estallar si su Amo no la tocaba o no le permitía tocarse ella misma. Mucho más cuando quien estalló fue él derramándose sobre la lisura de su culo, que no hacía sino agitarse.

Como tantas veces, el placer de la esclava estuvo en lacontención y en la privación, que son para el deseo como la yescaseca para el fuego. Esa noche se sintió arder.

Sin control

Saturday, January 27th, 2007

Aquello ocurrió la primera tarde que se encontraron en intimidad. Su primera sesión. Ella ya estaba desnunda, con una cadena atada al cuello y las rodillas doloridas. Pero lo peor no era nada de eso, sino que desde hacía rato le estaba implorando a su Amo permiso para ir al váter. La presión en la vegiga le hacía distraerse de las órdenes que él le daba, y su negligencia era castigada con la prohibición de no poder ir a mear. Finalmente, a los pies de él, apoyándose de forma alternativa en una y en otra rodilla y con la mano contra su vagina, el hombre que la gonbernaba le dio permiso, mas le ordenó que dejara la puerta abierta.

Allí estaba ella, soportando la humillación de estar orinando ante sus ojos cuando el Amo se acercó hasta ella, se sentó sobre sus muslos abiertos y metió la mano bajo su coño hasta encontrar el chorro caliente. Se enjuagó la mano en la orina de ella, que no entendía nada de aquel gesto impredecible. Después la sacó y comenzó a restregar aquella mano toda mojada de pis sobre el cuerpo de ella, especialmente sus pechos. Aquello la descolocaba por completo. Aquello no había sido previsto cuando desde hacía antes estudiaba en la red el repertorio de ceremonias de sumisión. Y, justamente por ello, por la esa sensación de pérdida completa de control, de estar cayendo por el vacío de lo inesperado, sintió una excitación como jamás antes había sentido. No había desaparecido el miedo ni el nerviosismo que le habían acompañado toda la tarde, pero esa excitación lo compensaba todo. Fue entonces cuando su Amo la penetró, sobre el suelo del lavabo. Violentamente, sin pedir permiso, abusando de ella. Y ella creyó estar abrazada a un ser sobrenatural.