El otro día, hablando con mi amigo P, éste me enunció su propia definición de erotismo, que me pareció una genialidad y que pienso hacer mía: erotismo es sexo más semiótica. O sea, lo que cuenta en el erotismo son los símbolos. En él el sexo resulta excitante a través de la mediación del símbolo.
Después, tanto P como yo estábamos de acuerdo en que en el BDSM, al menos en el modo en que lo entendemos, pesa más el erotismo que el sexo. Incluso el sexo se convierte en símbolo. Un Amo penetrando a su esclava no es sólo sexo, sino que es símbolo de su dominio. Por eso no se limitará a hacérselo en plan misionero, sino que adornará el momento para generar una escenografía, y lo hará de acuerdo a un código. En el BDSM siempre hay códigos por en medio. Eso es lo que cuenta. En el fondo es una forma intelectual de sexo.
En fin, me gustaría seguir con este tema dentro de poco, aunque aún tengo que ordenar algunas ideas.
Me encanta esta camiseta con el motivo spanking que acabo de descubrir en camisetae.com. Estupenda para violentas sesiones, llenas de dulce dolor. Y todavía más ideal para reivindicar lo que somos y lo que nos gusta.
Hace unos días me pasaron una canción estupenda de Vannexxa, extraída de su disco Se rompe o se raja. La canción en cuestión se llama Ponygirl: la nana de la entrega, y su tema es abiertamente BDSM. Abajo os dejo la canción y la letra. Espero que os guste.
Se ofrece sumisa obediente y complaciente
perra sola sin dueño y sin nadie está.
me pregunto si usted sabrá como tratarme
me pregunto si será capaz
atada de pies y manos aprenderé a respetarle
y luciré mi collar.
Firmo mi contrato de entrega: esclava, doncella y enfermera
a sus pies me arrodillo si me da su permiso,
agacho la cabeza y pido turno para hablar,
yo quisiera colgarme sus medallas como una buena soldado por la patria llorará.
{identificada como 7_24}
Y levantando las palmas de mis manos mi libertad estoy entregando la que no tenía cuando no podía verle {mi amo}
llegará el día en que me mire con orgullo del buen padre
y por mi buen comportamiento llegar hasta el final será mi premio
{mi comandante}
sería una gatita, su prometida, una conocida, usted lo sabe bien yo quiero ser su ponygirl.
yo sería una gatita silenciosa, concubina, usted lo sabe bien yo quiero ser su ponygirl.
Con frecuencia Él le ordenaba ocupar la parte de los pies de la cama y dormir allí, atravesada. Ella se encogía entonces, para poder encajar su cuerpo en aquella pequeña longitud, y sacaba la cabeza por un rinconcito de la cama. Y era feliz, por dormir junto a los pies de su Amo,
Solía ocurrir que cuando dormía en esta ubicación, en pleno sueño, era despertada bruscamente por la mano de su amo, que la cogía por el pelo y titaba de su cabeza hacia arriba. Desconcertada por lo súbito del despertar, atontada aún por el velo del sueño, notaba cómo su amo llevaba su cabeza hasta la mitad de su cuerpo, y allí violaba su boca. Normalmente la felaciones no consistían en que ella chupase la polla del Amo, sino en que éste se follara la boca de ella. La violaba incluso.
Cuando finalmente su amo se derramaba dentro de su boca con una caudalosa embestida de leche tibia y espesa, volvía a tirar de su cabeza hacia arriba, antes de que ella llegara a ingerir aquel engrudo seminal. Y entonces la besaba fuertemente en la boca, y ambos compartían el semen del Amo en un largo e intenso beso. Ésa era una de las maneras que él tenía de decirle cuánto la quería y cuánto la admiraba. Y ella lo sabía, lo que convertía aquel momento en una cresta de la ola de su felicidad.
Finalmente, Él le permitía quedarse el resto de la noche a su lado, rodeada por sus brazos. Aquello la hacía inmensamente feliz y orgullosa. Tanto que era incapaz de volver a dormir en un buen rato. Y cuando el Amo caía por fin abatido por el sueño, ella, en silencio, despierta, regaba su cuerpo con lágrimas de felicidad e imperceptibles besos suaves como pétalos.
Un día, en plena sesión, aprovechando uno de esos momentos de relajada confianza y buen rollito que a veces surge entre Amo y esclava, Él le pidió que le dominara. “Se trata, dijo en todo divertido, de cambiar los papeles. Me gustaría verte como Ama”.
Ésa era una de las cosas que le resultaban imposibles. No ya el ejercer como Ama, sino el someterlo, precisamente, a Él. Es como cuando hay una conversación en inglés. Si hay allí alguien con quien normalmente relacionas en español, es muy difícil hablarle en otra lengua, aunque hables bien el inglés. Si eres su esclava no puedes pasar a dominarle como si tal cosa. No se trata de que seas sumisa al cien por cien y, por tanto, incapaz de ejercer de dominátrix.Podrías hacerlo. Ella podía hacerlo… casi a cualquier persona menos a él.
Y eso fue lo que le dijo. Y él continuó:
-¿Serías capaz de dominar a alguien?
-Sí
-¿Preferirías dominar a un hombre o a una mujer?
-No lo sé. Creo que a una mujer.
-Pero también serías capaz de dominar a un hombre.
-Sí, mi Amo.
-Pero no a mí.
-No, a tino. De ninguna manera.
-Dime una cosa
-Sí
-¿Te gustaría la idea de que ambos dominásemos a otra mujer?
En ese momento un calor húmedo le recorrió la espalda, golpeó sus nalgas y se instaló en el interior de sus sexo, hasta transformarlo en una fruta dulce, blanda y casi pocha. La idea de dominar a otra mujer, yu de hacerlo al mismo tiempo a las órdenes de su Amo la volvía loca.
-Síii -respondió mientras sus ojos desprendían cierto brillo y de sus comisuras se escapaba una sonrisa que pronto reprimió.
-Veremos qué se puede hacer, dijo su Amo.
No han vuelto a hablar del tema, pero a veces ella se abandona a la placentera idea de imaginar que su Amo está buscando una dócil yegua de la que ella se convertirá en estricta amazona, bajo a mirada condescendiente y satisfecha de él.
Había dos situaciones que la excitaban hasta el estremecimiento cuando su Amo se masturbaba.
La primera solía tener lugar de improviso. Ni siquiera tenía que ocurriren una sesión, sino que con más frecuencia significaba el inicio de una de ellas. Él le mandaba de súbito levantarse del sofá y quedarse de pie frente a él. Entenoces se acomodaba como un emperador romano ante algún espectáculo palaciego, sin dejar de mirarla, se hurgaba en su entrepierna, sacaba su sexo, ya dilatado pero todavía tierno y maleable y empezaba a masturbarse ante ella. Y ella enrojecía, pero también ardía al contemplar aquel miembro endurecerse y alargarse como para tocar el techo. Y sentía unos deseos enormes de hacer también alguna diablura con sus dedos, a pesar que que el Amo, que la conocía bien le mandaba tener las manos a la espalda.
La segunda situación tenía un componente menos visual. Más auditivo. A su Amo le gustaba masturbarse a su espalda, bien cuando estaban en la cama, o bien cuando le hacía arrodillarse. Él le tiraba de su melena hacia atrás, al tiempo que golpea las nalgas de su esclava con la polla agitada por su puño. Golpea, golpea, golpea, cada vez más rápido, produciendo un sonido único ¡pas, plas, plas…! y ella cree morir de ardor.
Su relación duraba ya varios meses. A lo largo de ese tiempo ella había aprendido a ser su esclava compaciente. Sumisa y audaz. Capaz de plegarse a los caprichos de él, pero también de anticiparse a sus deseos. Y así comenzó a brotar en ella cierto sentimiento de orgullo. Orgullo de esclava: una expresión que suena contradictoria. Y, en efecto, él se daba cuenta de ello, y supo, como Amo experimentado y sutil psicólogo, devolver a su pequeña sirvienta a esa zona donde las sumisas le parecían más atractivas: la inseguridad, la zozobra, el temblor. La oscuridad.
Una tarde la llevó hasta el cuarto de baño de su casa. Era un cuarto de baño enorme, con todo lo que se puede imaginar en él, como para ser exhibido en las revistas de decoración. Lo cierto es que era tan grande que incluso tenía una delgada columna en su centro, resto de una anterior reforma que él mandó hacer en la casa. La columna tenía una argolla, y muchas veces su Amo la ataba a ella, para contemplarla con los brazos levantados mientras disfrutaba del baño. Ella solía excitarse como pocas veces al ver a su Amo en aquella inmensa bañera sin poder ir a compartirla con él, sin poder frotarle la espalda, u ofrecerle la toalla al salir del baño.
Como tantas otras veces, él la ató a la argolla. También le vendó los ojos. Y entonces desapareció, dejándola en la oscuridad. También era ésta una prueba que ya había superado en varias ocasiones. De todos modos, parecía que esta vez el capricho de su amo se prolongaba más de lo habitual. Ya había pasado una hora, y sus brazos empezaban a estar realmente doloridos. Probó a apoyar su peso alternativamente en una pierna primero y en la otra después, pero la sensación de incomodidad y agarrotamiento empezaba a agobiarla.
He encontrado en Youtube una escena fantástica de la película coreana Dasepo sonyo (int.: Dasepo Naughty Girls). Creo que toda chica sumisa ha fantaseado con ser azotada en clase por su profesor. Pues bien, ésta es la fantasía inversa: el profesor azotado por una alumna. LA escena está llena de picardía, distanciamiento y complicidad. Y desde luego me han entrado unas ganas locas de ver la película.
Bienvenidos a mi blog sobre sumisión y BDSM en general. Podéis ver algo más sobre mí en esta página.
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Por la libertad de los ciudadanos iraníes
Detesto a quienes odian la libertad. Por eso detesto regímenes como la teocracia iraní, y particularmente el fanatismo de ese aprendiz chiíta de Hitler, Ahmadinejad. Me gustaría poder hacer más para echarlo, pero soy pequeña y débil, y sólo dispongo de mis gritos. Aun así, es una buena causa para quedarme afónica.